«Cúralo todo»

Te voy a hablar en palabras de a «puya»*, lo cual significa que lo vas a comprender y aprender en menos de un minuto, o sea en el tiempo que tardas en leer esto, y te advierto que está medido por el reloj.

Además te advierto que te va a encantar y vas a desear enseñárselo a todo el mundo para que sea feliz.

En el lenguaje Metafísico auténtico lo llamamos «El Latido Universal», pero llámalo tú el «Cúralo-Todo», porque vas a notar que te cura el mal que te esté afligiendo, bien sea enfermedad o problemas, situación, circunstancia, o lo que sea, lo cura todo y no solamente a ti sino aquello que mires en otro, como un defecto, un vicio, etc. No importa de qué se trate, no importa lo que ande mal, el «Cúralo-Todo» lo arregla.

Bueno, ahora vas a mirar el reloj para que sepas en cuanto tiempo aprendes el «Tratamiento», o en cuánto tiempo lo haces. Es un «Tratamiento» y lo llamaremos «el remedio» o la medicina, como tú prefieras. Vamos pues:

En el mismo instante en que tú te sientas mal; o en el mismo instante en que se te manifieste un problema; o en el mismo instante en que lo veas en otro tómate el pulso. Esto se hace colocando la yema de uno de tus dedos pulgar sobre la muñeca del brazo opuesto, tal como lo hace el médico, hasta que sientas el latido de tu corazón. Quédate unos momentos gozándolo porque es agradable. Este es el Primer paso.

El Segundo paso es pensar un poquito; ¿Bien y de donde viene a mi ese latido? ¿Qué lo produce? Trata de contestarte esas dos preguntas tú mismo, porque fíjate que tú no estás ni atado a ningún otro ser, ni estás enchufado a la electricidad, ni estás sembrado en el jardín. Eres libre e independiente y si estuvieras suspendido en el espacio, siempre seguirías sintiendo el latido de tu corazón.

El tercer paso es decir en alto voz:
«Padre Nuestro te invoco a la acción» (3 veces) y ahora dices: «Gracias Padre que me has oído».

Y ahora te vas, no pienses más en la enfermedad o en el problema. Repite el remedio «Cúralo-Todo» tres veces al día tal como te lo ordena el médico, ya tu sabes cuánto tiempo te toma. Espero que no se te olvide chequear en tu reloj.

No me creas… Sólo ensáyalo. No pierdes nada.

Sí, ya sé… me vas a decir que cuántos se toman el pulso al sentirse mal y no se les quita lo que les molesta. Es auténtico. Pero nadie goza tomándose pulso, primeramente. Por lo general, lo hacen con gran temor de encontrar que lo tienen demasiado rápido. Segundo, al instante declaran con gran convicción «estoy enfermo, estoy malísimo», eso es lo que llamarnos Un Decreto, y estoy decretando y no tiene más remedio que manifestarse. Eso es Metafísica. Pero él no sabe Metafísica. Tercero y último. Lo que sí se le ocurre es invocar al médico y llenarse el cuerpo de cosas químicas.

La gran diferencia consiste en mantenerse tranquilo, pensar en las cosas buenas y positivas como la vida, la salud, etc. y hacer la invocación.

A las personas más adelantadas quienes ya conocen la maravilla Metafísica, le recomendamos que piensen que ese latido significa vida, salud, fuerza, equilibrio, armonía, paz, etc., y que todo el mundo está recibiendo las mismas condiciones. Por eso agregamos las gracias.

–Conny Méndez

Extraído de su libro «Metafisica 4 en 1» Vol. II, Capítulo «Cúralo todo», pag. 253.

Disponible aquí en libro o aquí en audiolibro.

 

* Nota del Editor: en otros escritos de Conny Méndez, ella se refiere a “Palabras de a centavo”. A continuación una explicación de por qué la puya y el centavo son lo mismo. En Venezuela en la época de Conny (n. 1898), la moneda de 5 céntimos de un Bolívar que circuló entre 1896 hasta 1971 se le llamaba popularmente ”puya”, y fue la que reemplazó a su equivalente en valor: el centavo, que circuló desde 1876 hasta 1896. El nombre de la predecesora trascendió al reemplazo, y por ello se le llamaba indistintamente “puya” o “centavo”.

Foto: El Punto Semanal